Calígula y su caballo

El papel del caballo en Roma fue ambivalente, despreciado por los militares (los romanos confiaban más en sus poderosas legiones que en sus jinetes) pero adorado por los ciudadanos romanos, siendo las carreras de caballos uno de sus espectáculos predilectos. Los caballos de carreras romanos provenían de varias partes del Imperio, principalmente de la provincia de Hispania (exportaba a Roma cerca de 10.ooo caballos al año) y justamente de aquí proviene el que quizás es, el caballo más famoso de la Historia de Roma, el caballo del Emperador Calígula, Incitatus.

Calígula fue el tercer emperador romano, reinando desde el 39 al 41 d.C. Su gobierno es sinónimo de grandes construcciones, abuso de poder y corrupción. La Historia siempre resalta los supuestos desequilibrios mentales del emperador y quizás la historia de Calígula y su caballo sea un ejemplo de esto.

Incitatus significa en la latín “impetuoso” y era el nombre del caballo preferido de dicho emperador. El amor de Calígula por el equino sobrepasó los límites normales. Realmente amaba a este animal y tanto fue así que ordenó que se le construyera una caballeriza de mármol con pesebres de marfil, exclusivamente para Incitatus. Pero la devoción del hombre más poderoso del Imperio por su caballo no quedó ahí; le otorgó al animal toda un villa con jardines y sirvientes para su exclusivo cuidado.

Dicho caballo dormía con ropas de tinte púrpura, color extremadamente caro en su época y que estaba reservado exclusivamente para las vestiduras de la familia imperial. Pero aún hay más. Calígula nombró “Cónsul de Bitinia” al equino e intentó elevarlo a la categoría de Senador.
Incitatus era un caballo de carreras y como tal competía en el Hipódromo de Roma. La noche anterior a cada carrera, Calígula dormía en el establo junto con su caballo y para que el equino  pudiese dormir con toda tranquilidad se decretaba “silencio general” bajo pena de muerte para quien no lo respetara.  Según cuenta la historia, Incitatus perdió solo una carrera en toda su vida. Calígula mandó a matar a el auriga que condujo el carro perdedor, dándole las siguientes indicaciones al verdugo: “mátalo lentamente para que se sienta morir”. 

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