El Congo y Leopoldo II. Crónicas de un genocidio olvidado (I)

En este breve artículo intentaré recordar un suceso aparentemente olvidado. Los tiempos negros del Congo durante la ocupación belga. Un genocidio brutal orquestado bajo el consentimiento de la “comunidad internacional”. Al menos 10 millones de nativos congoleños murieron durante la administración realizada por el rey Leopoldo II de Bélgica.

Había una vez un pequeño reino…

Leopoldo II asume el trono de Bélgica en 1865  y se convierte en el segundo rey de los belgas. Encuentra al mundo en una coyuntura particular; las  2 grandes potencias económicas, militares y políticas, Francia e Inglaterra, se estaban repartiendo el mundo, formando inmensos imperios coloniales. A su vez, 2 potencias que posteriormente se consolidarán en el mapa europeo, Italia y Alemania, reclamarán participación en el reparto. Bélgica era una potencia económica muy fuerte gracias a las ricas minas de carbón y hierro ubicadas en la región de Valonia, permiténdole al país industrializarse vertiginosamente, llegando a convertirse en el segundo productor mundial de hierro y carbón. Pero a diferencia de las demás potencias europeas, Bélgica carecía de colonias. No existía entonces, una armonía entre el desarrollo económico alcanzado y la extensión de su territorio (Bélgica contaba con poco más de 30.ooo km cuadrados). Bélgica quería un imperio, pero no tenía el poderío militar necesario para desatar un guerra colonial, se necesitaban alternativas.

A falta de armas buena es la diplomacia

Leopoldo conocía la situación geopolítica de su país, estaba demasiado cerca de las principales potencias coloniales y demasiado lejos de las posibles colonias (África y Asia), una guerra colonial sería catastrófica para el reciente estado. Leopoldo usó su ingenio. En 1876 crea un comisión filantrópica denominada “Conferencia Geográfica de Bruselas” que reuniría a exploradores, expertos y científicos de seis países europeos. Pretendía establecer normas de solidaridad y ayuda para el continente africano. Debía proteger a los habitantes de la explotación comercial indiscriminada, además de promover la paz en la región. La Comisión crea un organismo permanente, la Asociación Internacional Africana (AIA) presidida por el mismo Leopoldo. Sus metas eran promover la paz, educación y el progreso científico en el continente, una palabra pretendía occidentalizar al continente, además de erradicar el tráfico de esclavos. En el discurso inaugural de dicha Asociación Leopoldo declaraba:

“(…) Los horrores de este estado de cosas, los miles de víctimas masacradas por el comercio de esclavos cada año, el número aún mayor de seres absolutamente inocentes que son brutalmente arrastrados a la cautividad y condenados de por vida a los trabajos forzados, han conmovido profundamente los sentimientos de todos los que, a todos los niveles, han estudiado con atención esta deplorable realidad; y han concebido la idea de asociarse, de cooperar, en una palabra, de fundar una asociación internacional para dar punto final a este tráfico odioso que es una desgracia para la edad en la que vivimos, (…)”

Leopoldo II de Bélgica

Leopoldo II de Bélgica

Stanley y sus contratos leoninos

Leopoldo se consagró a nivel internacional como un monarca digno de admiración, solidario, protector con los más necesitados, protector de la paz.  Un filántropo comprometido con los problemas de su tiempo. El rey belga sabía que tarde o temprano le darían el territorio congoleño, por eso se adelanta y en 1879 financia las expediciones al Río Congo lideradas por el explorador galo-estadounidense Henry Stanley. La misión de Stanley no era simplemente de carácter científico, no tenía como único objetivo abrir las aguas del Congo ante los ojos de Europa, su misión principal era extremadamente perversa; preparar el terreno para la inminente adquisición de un inmenso territorio africano por parte de Leopoldo II de Bélgica. Dicho explorador a medida que recorría las riberas del río, obligaba a los nativos a firmar contratos por medio de los cuales le cedían sus territorios al rey belga.  450 aldeas congoleñas cayeron en esta perversa trampa. Estos “tratados” -como los llamaban los propios exploradores- obligaban a los nativos a ceder no solo sus tierras sino también mano de obra para las extracciones de caucho, cargamento de materiales y cualquier otra actividad emprendida por la AIA. Cuando las grandes potencias le entregaron el Congo, Leopoldo II ya tenía en sus manos 450 “tratados” en los que los congoleses legitimaban mediante sus firmas aquella donación y le entregaban sus vidas y haciendas.

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