El Congo y Leopoldo II. Crónicas de un genocidio olvidado (II)

El Congo, propiedad privada de Leopoldo

Al fin sucedió lo inevitable. La Conferencia de Berlín en 1885 le entrega a Leoplodo la zona del Congo. Más de 1 millón de millas cuadradas (más de 80 veces la extensión de Bélgica) le fueron cedidas al rey belga en bandeja de plata. La entrega se realizó sin ningún congoleño presente. Los nativos de dicho territorio no tenían noción del futuro que les esperaba.

El Reino de Bélgica abandonó toda responsabilidad sobre el territorio congoleño, como lo confirmará el artículo 62 de la Constitución belga votada en 1885, por lo cual el territorio del Congo quedaba convertido prácticamente en “propiedad privada” de Leopoldo II. Así, el astuto rey belga tenía todo el viento a su favor: los “tratados” con los nativos, la venia de las grandes potencias y la legitimidad dentro de su propio reino. Todo estaba preparado para la explotación del territorio, se suponía que Leopoldo trataría a los nativos con humanidad y respeto, tal como predicaba unos años antes, pero la realidad iba a ser muy distinta.

El caucho y la muerte. 10 millones de olvidados

Leopoldo manda más de 16 mil soldados de diversas nacionalidades pagados directamente por él, para que mantuvieran las seguridad en su territorio.  La entrega del Congo fue un cheque en blanco, las potencias europeas le concedieron plenos poderes al rey belga, seguros de que su humanidad y sus inclinaciones filantrópicas le impedirían transformarse en un tirano. Luego los hechos demostrarán cuán erradas fueron estas percepciones.

Sin ningún obstáculo aparente, el belga puso manos a la obra. Después de que John Dunlop inventase el neumático, la demanda de caucho y latex se disparó demencialmente. Las ambiciones por adueñarse de la mayor parte del mercado, llevaron a Leopoldo a cometer actos atroces. Los árboles de caucho abundaban en el Congo y para aumentar la productividad de esta sustancia (y a sí poder competir con la producción en otros puntos del orbe, principalmente en América Latina) se sometía a los trabajadores a condiciones infrahumanas. Los nativos trabajaban las 24 horas del día y las muertes por fatiga eran diarias. El Congo se transformó en un inmenso campo de trabajo forzado. Los castigos, para los recolectores que no entregaban el mínimo exigido de látex, eran brutales. Iban desde los chicotazos y las mutilaciones de manos y pies hasta el exterminio de aldeas enteras, cuando se producían fugas o las aquellas comunidades no cumplían con la obligación de alimentar a sus verdugos como éstos esperaban.

Se calcula que durante los años de dominio de Leopoldo sobre el Congo fueron exterminados unos diez millones de nativos, la mayoría esclavizados, mutilados o asesinados en masa debido a su resistencia a trabajar en las extracciones de caucho.

El fin de la “administración Leopoldo”

Las atrocidades cometidas en el Congo fueron descubiertas bastante tarde. En 1895, el misionero Henry Grattan Guinness  instala una misión en el Congo cuando fue avisado de los abusos sufridos por la población del Estado Libre del Congo. Obtuvo promesas de mejora de Leopoldo, pero nada cambió. El periodista británico Edmund Dene Morel, ex agente de una compañía de navegación encargada del transporte del caucho hacia Europa, y conocedor de las estructuras comerciales establecidas en Àfrica del oeste, fue también uno de los primeros en avisar a la opinión internacional sobre los crímenes cometidos, recogiendo por primera vez pruebas testimoniales y documentales. Todas estas voces levantadas en contra de las atrocidades cometidas no obtuvieron frutos. Recién en 1903, dos años después del fallecimiento de la reina Victoria, la Cámara de los Comunes adopta una postura crítica con respecto a la administración del Congo y envía a un diplomático Roger Casement para que investigara los hechos. El informe de Casement fue impactante y tal fue su magnitud que el gobierno británico mando 14 copias a los países que casi 20 años antes, le habían concedido el dominio del Congo a Leopoldo durante la Conferencia de Berlín.  El rey Leopoldo, pese al escándalo, mantuvo su control sobre el Congo hasta 1908, fecha en la que el Parlamento belga, bajo la presión internacional, decidió anexionarlo y asumir su administración. Leopoldo II aceptó firmar el Tratado de cesión del Estado Independiente del Congo el 28 de noviembre de 1907.

Esta cesión fue incluida en 1908 en el acta conocida como «Donación real», por la que Bélgica “heredaba” el Congo, así como de la gestión de las inmensas propiedades personales del Rey en Bélgica, preservando su disfrute por sus sucesores en el trono y prohibiendo su venta o alteración.

De esta manera se pone fin a la tiranía de Leopoldo en el Congo. Para el rey de los belgas fue una empresa más que exitosa, él se enriqueció enormemente y Bélgica obtuvo un imperio. Para los nativos del Congo, los años de administración belga fueron un infierno. Leopoldo  podría considerarse como uno de los hipócritas más grandes de la Historia. Con su boca predicaba paz y humanidad para los africanos y con la mano realizaba actos atroces. Es innegable la astucia de Leopoldo como estadista, (siendo un poco Maquiavelista) consiguió un imperio de la misma nada pero costó mucho, la vida de más de 10 millones de inocentes.

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5 Respuestas a “El Congo y Leopoldo II. Crónicas de un genocidio olvidado (II)

  1. Muy bueno hermano Calero, desconocía esos detalles de la administración belga del Congo y la verdad que impresionan. Saludos.

  2. Pingback: Genocidio en el Congo (Blog, Paseando por la Historia) | ceheginpaco·

  3. Después de tanta depredacion creo que es, …. time to pay…., como dirían los ingleses. Srs. ciudadanos Europeos, sus antepasados, hicieron troperia y media, en todos los continentes, y por eso ahora Uds. son ricos y gozan de una civilización muy avanzada, respecto a los temas sociales, lo que han dejado en Sud América, África, medio oriente y otros, es un desmembramiento de todo, su cultura, su religión, su forma de vida etc etc, Ese resentimiento se expresa claramente en los actos de hoy, lo menos que pueden hacer es reconocer ese asalto discriminado, y ofrecer a esos países un resarcimiento por los prejuicios ocasionados, y reparar de alguna manera. No crean que es lo ultimo que les ocurrirá, seguramente abra mas atentados, Dios no quiera, pero el hambre, la desesperanza, la ignorancia, la miseria, la explotación, la falta de oportunidades etc. es mas fuerte que la vida misma. Este sentimiento es algo que los occidentales no entendemos, pero considero que habría que imaginarse, y ponerse en su lugar.

    • El artículo está muy bien. No creo que los actuales atentados se puedan justificar por este tipo de atrocidades, ni creo que estén relacionados en lo más mínimo. De hecho, los integristas islámicos no se han significado a lo largo de su historia por su solidaridad con el África Subsahariana. Nada puede justificar un asesinato, y menos un atentado indiscriminado, y mucho menos un genocidio. Esta vergüenza histórica, que no justifico y condeno con todas mis fuerzas, hay que ubicarla en un contexto histórico especial, en el cual la explotación de las colonias era lo que imperaba, sin importar el cómo ni el a quién. Es cierto que el viejo continente cometió muchos expolios y abusos en otros continentes como Sudamérica, África o Asia, pero también es cierto que aportó otras muchas cosas. Te recuerdo que a finales del siglo XVII, un médico militar español a las órdenes de Carlos IV , Francisco Javier Balmís, natural de Alicante, fue el director de la expedición filantrópica para la divulgación de la vacuna de la viruela. Sus órdenes eran extenderlas por México y Sudamérica, pero él fue más allá: la llevó a FIlipinas, y de allí a Macao, y de Macao a China…en una expedición que duró más de siete años, y de la que muy pocos regresaron. Te recuerdo asimismo que los primeros ferrocarriles que se pusieron en américa fueron españoles, en Cuba y Puerto Rico concretamente. Te recuerdo también que en las cortes de Cádiz, todos y cada uno de los territorios americanos que entonces formaban parte del imperio español estaban representados, y eso que estábamos inmersos en plena guerra de la independencia. Te recuerdo que muchos de los personajes más insignes de la sudamérica del siglo XIX, como el General San Martín (más conocido como el libertador), fueron formados en España, (el General San Martín, concretamente en Murcia, de donde yo soy). A lo que vamos, no todo es blanco o negro, hay toda un abanico de grises y de colores que no debemos olvidar. Todo lo sucedido,por vergonzoso que nos pueda parecer, hay que ubicarlo en su contexto histórico y social. Es cierto que debemos y tenemos la obligación de condenar genocidios como el cometido por este impresentable de Leopoldo II, pero resulta extremadamente peligroso, en mi opinión, “justificar o dejar entrever” que atentados como los de París o los de Bruselas pueden ser una respuesta a los abusos cometidos por el viejo continente en épocas pretéritas, y creo que solo puede servir para retroalimentar ideológicamente estas matanzas que solo un malnacido descerebrado y desalmado puede llevar a cabo. Es mi opinión. Un saludo

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