La misoginia de Schopenhauer (I)

Arthur Schopenhauer (1788-1860) es quizás uno de los filósofos más importantes del siglo XIX y un pensador imprescindible para comprender el desarrollo del pensamiento occidental. Este filósofo alemán es harto conocido tanto por su filosofía (una peculiar mezcla entre occidentalismo y orientalismo) como por su desprecio por el sexo femenino, es decir, por su misoginia.

Problemas en la casa

Arthur nace en 1788 en la ciudad de Danzig, en el seno de una acomodada familia. Su padre, Heinrich Floris Schopenhauer fue un próspero comerciante que inició a su hijo en el mundo de los negocios, haciéndole emprender largos viajes por Francia e Inglaterra. Su madre, Johanna Henriette Trosenier, fue una escritora que alcanzó cierta notoriedad al organizar soirées (veladas) literarias en la ciudad de Weimar. La relación de Schopenhauer con su madre fue simplemente tortuosa, degenerándose en un odio entre madre e hijo. Esta es, para los estudiosos de la vida del filósofo de Danzig, la raíz de su profunda misoginia, concepción que, empapará toda su obra.Este odio hacia su madre se generalizará en un odio hacia todo el sexo femenino, sin distinciones, influyendo en la relación con su hermana, Adele, nueve años menor que él. Finalmente Schopenhauer abandona su casa materna en 1814, empeorando aún más la relación con su madre, como se puede leer en la siguiente misiva:

“Weimar, 17 de mayo de 1814

La puerta que con tanto estrépito cerraste ayer tras comportarte tan indignamente con tu madre se ha sellado para siempre entre tú y yo. Estoy cansada de soportar tus malas maneras, me voy al campo y no regresaré hasta saber que te has marchado; se lo debo a mi salud, pues una segunda escena como la de ayer podría provocarme un ataque de apoplejía que quizá resultaría mortal. Tú no sabes nada del corazón de una madre: cuanto más amó, más dolorosamente siente cada golpe que le infiere la mano antes amada. No es Müller, esto te lo juro ante Dios en quien creo, quien te separa de mí, sino tú mismo, tu desconfianza, la censura que ejerces sobre mi vida y sobre la elección de mis amigos, tu desdeñoso comportamiento para conmigo, el desprecio que muestras hacia mi sexo, tu negativa manifiesta a contribuir a mi felicidad, tu codicia, tu mal humor al que das libre curso en mi presencia sin la menor consideración hacía mí (…)
Y eso es lo que nos separa, si bien no para siempre, sí hasta que retornes a mí en calma y buena disposición. En ese caso estaría dispuesta a acogerte con benevolencia. ¿Qué diría tu padre si viviera, él que pocas horas antes de morir te encomendó que me honrases y que no me dieses nunca disgustos? Si yo hubiese muerto y tuvieras que vértelas con tu padre, ¿te atreverías a sermonearle? ¿Tratarías de determinar su vida y sus amistades? ¿Acaso soy yo menos que él? (…)
Deja aquí tu dirección pero no me escribas, a partir de ahora ni leeré ni contestaré a ninguna de tus cartas; llegados a este punto se separan nuestros caminos, escribo esto con profundo dolor pero no queda otro remedio si es que quiero vivir y proteger mi salud.”

Johanna y Adele Schopenhauer.

El amor y Arthur 

Scho

El primer enamoramiento conocido de Schopenhauer (forzosamente platónico)  fue Caroline Jaggemann, actriz del teatro de Weimar. Pero él era demasiado joven y ella era la amante del Duque Carlos Augusto, soberano del pequeño Estado. En Dresde, mientras escribía su obra magna, tuvo relación con una camarera, que le dio un hijo (o hija), que Schopenhauer no quiso conocer y que murió muy pronto. Durante su estadía en Italia, a sus 30-31 años, se conocen, por lo menos, dos aventuras amorosas: En Florencia tuvo relación con una dama, de la que huyó como del Diablo cuando supo que padecía cierta enfermedad (no se conoce cuál); en Venecia gozó de la compañía de la bella Teresa Fuga. Parece que la relación más seria fue la que tuvo con una bailarina berlinesa llamada Caroline Richter. Cuando decidió trasladarse a Frankfurt a punto estuvo de casarse con ella, pero la exigencia de Caroline de que les acompañase su hijo (de otro hombre) y la intransigencia de Schopenhauer en este aspecto frustró el proyecto. Así, que el filósofo partió solo, y solo permaneció en Frankfurt hasta el fin de sus días, o al menos, sin amores conocidos. Se sabe, porque él mismo lo daba a entender, que recurría con frecuencia a prostitutas en fin que, como advierte claramente, creo que en más de un punto de sus escritos, él no era un santo, por mucho que predicase la santidad, es decir, la anulación de la voluntad, cuyo foco central en el reino de la vida es el sexo.

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