El eunuco y la creación de un nuevo género sexual

La sexualidad siempre ha sido un tema que directamente ha afectado al hombre. Lo biológico, lo dado por la naturaleza ha sido objeto de múltiples simbolizaciones y ritualizaciones así como también despreciado y criticado. El sexo en Occidente siempre fue visto como fuente de lujuria y por ende de pecado. La teología cristiana castiga severamente al placer sexual calificándolo de vano y censurable. El placer sexual se anteponía a la unión con Dios, así que para amar a nuestro Creador se debía llevar una vida sexualmente sobria. Pero dejando a Occidente de lado, en Oriente hay historias mucho más peculiares con respecto a la sexualidad, concretamente en lo que se refiere a sexualidad y poder político. Me refiero a los eunucos esos guardianes de las mujeres de los poderosos árabes, centinelas del harén así como también a los funcionarios chinos, que gran parte de los que trabajan en los palacios de la China imperial eran castrados.

Un eunuco en una ilustración europea del siglo XVIII

Un eunuco en una ilustración europea del siglo XVIII

La castración como técnica

Un eunuco es literalmente un hombre castrado. Pero no castrado por algún infortunio, sino que existía un disposición racional a la castración. Quiero decir, existía una sistematización de la castración, existía un método, un cómo hacerlo. Tenemos por ende una institucionalización social de la castración. Famosos son los pueblos bizantino, chino, árabe y turco por sus grandes cantidades de eunucos. Una lisa y llana producción cuasi artesanal de eunucos, es decir una técnica y una sistematización de la castración destinada a la generación masiva de hombres castrados. Esto que parece algo descabellado, será comprendido mucho mejor por el lector con lo siguiente. Encontramos dos formas de castración, una parcial y una absoluta, convirtiendo al desafortunado hombre en un eunuco absoluto y uno parcial. El criterio residía en el estado del aparato reproductor masculino. Como es sabido, el hombre tiene su aparato genital expuesto, es decir, es externo a diferencia de las mujeres que es interno. Por ende castrar a un hombre es una cuestión relativamente sencilla pero tremendamente humillante  y dolorosa, más si tenemos en cuenta las rudimentarias herramientas que se encontraban en esa época. Ahora bien, el eunuco era parcial cuando carecía solamente de sus testículos, y absoluto o total cuando carecía tanto de testículos como de pene. Los eunucos eran esclavos y por lo tanto se vendían en el mercado, pero eran esclavos especiales, diferentes. Los eunucos totales podían llegar a costar 10 veces más que un esclavo común. Se podría decir que por aquella época, los eunucos eran esclavos con un valor agregado, la falta de gónadas.

Dibujo_antiguo_eunucos_enano

La triste y dolorosa “fabricación” de un eunuco

En China, según cuenta la historia, el barbero primero envolvía desde su base al pene y los testículos conjuntamente en una venda común que ajustaba fuertemente, lo que producía dolor y proporcionaba la forma de una especie de embutido. A continuación iba retorciendo hacia un lado el paquete así formado, tomaba un cuchillo curvo, lo alzaba a distancia calculando para un corte fuerte y veloz, llegados a este punto el barbero preguntaba una vez más si estaban seguros de una decisión que sería irreversible, si el futuro eunuco era mayor de edad, él debía responder por sí mismo, y si era menor entonces la respuesta correspondía a la familia allí presente. Si la respuesta final era afirmativa, entonces con un solo movimiento cercenaba los genitales. Luego junto con el inmenso dolor se producía una abundante hemorragia. El barbero aplicaba baños de sales y aceites para detenerla y luego aplicaba una pequeña cuña de metal, generalmente estaño, en el orificio uretral. Entonces venía lo más difícil, el nuevo eunuco debía estar andando despacio sin mayor descanso, y no consumir nada de líquidos por unos días. 

Al cabo del tiempo, se le retiraba el tabique de metal antes colocado en el orificio uretral, si conseguía orinar, entonces la operación había sido un éxito y ya podía empezar a gestionar un empleo para servir en la Corte del Emperador. En caso contrario, una atroz agonía esperaba al nuevo eunuco antes de su lenta muerte… Los despojos genitales a veces eran reclamados por quien fuera su propietario, y entonces el barbero se los entregaba. Pero con frecuencia dichos despojos no eran reclamados y en ese caso el barbero los guardaba anotando cuidadosamente la fecha y a quien pertenecían. Esta conducta se debía a que si el eunuco era aceptado en el Palacio Imperial, y una vez allí conseguía hacer carrera, descubriría que para cada ascenso (y con ello más dinero) la tradición obligaba como requisito enseñar en un rito los restos de lo que fueron sus genitales. Entonces el eunuco volvía presuroso a intentar recuperar lo que en mala hora dejó abandonado, para lo cual el barbero lo esperaba dispuesto a entregarle lo suyo, previo cobro de una importante cantidad adicional de dinero.

Eunucos chinos

Eunucos chinos

Oficios diversos

El trabajo de un eunuco difería según la sociedad. En Arabia eran los encargados de cuidar el harén de los ricos y poderosos. Debido a su falta de gónadas, los eunucos eran los guardianes ideales para un gran grupo de mujeres, y eran sumamente codiciados. En cambio, durante la China Imperial los eunucos tenían un trabajo relacionado con los poderosos pero distinto de los eunucos árabes. Estos hombres castrados eran funcionarios del Palacio Imperial, literalmente burócratas. Al principio, eran suficientes para cubrir la tradicional cuota de eunucos aquellos delincuentes o criminales que eran condenados a la castración, pero con el tiempo, al aumentar el tamaño del Estado chino su burocracia también debía aumentar, por lo que se tuvo que institucionalizar la castración para poder crear nuevos funcionarios.
Se comenzaron a aceptar candidatos de diversas procedencias. Estos burócratas comenzaron a tener funciones cada vez más importante, y a tener un rédito económico mayor. Los eunucos alcanzaron su máximo apogeo en la edad media, especialmente durante la dinastía Ming.

Eunuco en un harén, pintura de Jean-Léon Gérôme, siglo XIX.

Eunuco en un harén, pintura de Jean-Léon Gérôme, siglo XIX.

El problema del género

Los eunucos se encuentran con un problema, un problema de definición de género. Quiero decir, debido a su falta de gónadas, estos seres humanos no son hombres (en sentido biológico) pero tampoco mujeres. Por esta razón los eunucos configuran un nuevo género, que escapa a la dualidad hombre-mujer. Esta peculiar posición dentro del mapa de género, repercutió varios siglos después en las ideas de un joven médico austríaco, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis. Freud estructura lo que el llama “complejo de castración” que consiste en el descubrimiento de las gónadas tanto en hombres como en mujeres durante la niñez. El problema surge cuando la mujer reconoce sus órganos pero nota que el hombre posee órganos que ella no tiene. Por otro lado el hombre cree que la falta de gónadas externas en la mujer es fruto de una mutilación o castración y que el puede ser la próxima víctima. Este complejo es un piedra angular en el esquema teórico freudiano porque se relaciona con nociones tan fundamentales como el “complejo de Edipo” o el rol del padre en la psiquis del niño así como también en las etapas del desarrollo psico-sexual.

Esta es la historia de los eunucos, desgraciados hombres que se vieron privados de sus gónadas por los caprichos de los poderosos.

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