La guerra Hispano-Estadounidense y la consolidación de la prensa amarilla

La prensa amarilla, sensacionalista, escandalosa. Periodistas que pululan de acá por allá sedientos de noticias escandalosas y sonoras. Los hechos sobrios son descartados o desfigurados de tal manera que cumplan con las características antes mencionadas. Los orígenes de esta forma de hacer periodismo los podemos encontrar a fines del siglo XIX, y su cuna se encuentra en los Estados Unidos, concretamente en un período de tensión internacional, guerra, sangre y muerte.

YellowKid

Tensión en el Caribe

La injerencia del periodismo en la política y cuestiones sociales no es nueva. Años antes de la Revolución Francesa, el periodismo ya se perfilaba como el “Cuarto Poder” gracias a las enormes potencialidades de este medio de comunicación. La prensa escrita, cada vez más masiva gracias a las imprentas cada vez más sofisticadas, permitía la entrega de información en grandes cantidades y la creación de una corriente de opinión. Poco a poco, las editoriales de los periódicos comenzaron a ser tenidas en cuenta en los debates públicos, codo a codo con las opiniones de políticos, intelectuales o miembros de la flor y nata. Pero en mi opinión no se vería la verdadera potencia de la prensa escrita hasta finales del siglo XIX cuando literalmente, a través de los diarios, se comenzó una guerra.
Hablo del conflicto que enfrento a una potencia en alza, Estados Unidos, contra una potencia en franca caída, España, en lo que ulteriormente se llamó la “Guerra Hispano-Estadounidense”. Las ansias expansionistas del que se perfilaba como la nueva potencia, vieron a España como  una presa fácil. El país ibérico en estos tiempos no era ni la sombra de lo que fue hace 200 años atrás. El Imperio Español era un muerto en vida, un ser convaleciente, nostálgico de sus tiempos de gloria. España conservaba una ínfima parte de los territorios que poseía en antaño, Cuba, Puerto Rico y las Filpinas eran todo lo que tenía en ultramar.
En 1898 las relaciones entre Estados Unidos y España eran sumamente tensas. La política internacional del “país del norte” estaba embebida en la filosofía de la “Doctrina Monroe” que predicaba una “América para los americanos”. Así, Norteamérica se transformó en el protector de los recientes estados latinoamericanos independizados del poder europeo, principalmente del español. Por esta razón veía con muy malos ojos la presencia de España en el Caribe, con sus posiciones en Cuba y Puerto Rico, y su existencia en Asia con el archipiélago de las Filipinas. De este modo las relaciones entre ambos estados se podían cortar con un cuchillo. Este era el terreno fértil para un nuevo tipo de periodismo y para, claro está, demostrar lo que los periódicos podían hacer.

La tensión le da de comer al amarillismo

La Historia le adjudica la paternidad del amarillismo periodístico a William Randolph Hearst, un empresario, periodista e inversionista estadounidense -entre otros oficios-, figura destacada en la escena pública norteamericana a finales del siglo XIX. Los periódicos americanos de la época se frotaban las manos, pues se respiraba cierto tufillo bélico y la guerra, ya se sabe, es algo que siempre vende.
Si no había guerra era necesario hacerla. Los dueños de los periódicos más afamados del país enviaron sus corresponsales a la isla cubana para que contaran con lujo de detalle las atrocidades que cometían los españoles con los cubanos. Incluso uno de los corresponsales, que además era dibujante, mandó un telegrama a su jefe que decía:

“Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver”

La respuesta de su jefe fue la siguiente:

“… Usted suministre las ilustraciones que yo suministraré la guerra.”

El jefe en cuestión era  William Randolph Hearst dueño del periódico  y tenía un lema sumamente particular “I make news” (Yo hago las noticias). Orson Wells se basó en la vida de Hearst para crear su obra maestra, “El Ciudadano Keane”.  En efecto, Hearst hacía las noticias, y como quién no quiere la cosa, también una guerra.

Hearst, el hombre que hace las noticias

Hearst, el hombre que hace las noticias

A falta de noticias interesantes, comenzaron a salir primicias tan descabellas como que los españoles registraban a las mujeres norteamericanas para evitar que estas pasaran mensajes a los rebeldes.
Cierto es que las relaciones entre ambos países se mantenían en un “status quo”, pero un suceso, una carta, le dio esperanzas a los periodistas sensacionalistas. Me refiero a la carta que el embajador español le envía al Presidente de los Estados Unidos de América, William McKenley. En ella, el español no usa agradables términos para describir al Primer Mandatario, sino que utiliza adjetivos poco agraciados como débil, populachero y politicastro. Para suerte de los periódicos esa misiva se filtró y fue rápidamente publicada en los titulares de los principales diarios del país, evidentemente con el toque de distorsión y sensacionalismo necesario.

“El peor insulto a los Estados Unidos en su historia”

“El peor insulto a los Estados Unidos en su historia”

El diplomático español es obligado a retirarse, pero para desgracia de los empresarios de la prensa, la guerra no se dio. Había que buscar alternativas.

El acorazado Maine es la salvación

Por fin, lo que necesitaban la prensa para comenzar el conflicto había llegado. Según se cuenta, un acorazado estadounidense, el Maine llega a La Habana sin previo aviso, suceso extraño, ya que a pesar de las tensar relaciones, las formalidades en diplomacia siempre se conservan. El Maine explota en aguas cubanas y mueren 258 marineros. Los carroñeros de la prensa no podían dejar pasar esta oportunidad caída del cielo, y raudamente adjudicaron la causa de la explosión a los españoles. El avispero estaba agitado, solo restaba esperar lo inevitable. Y lamentablemente así fue.

Edición extra sobre el suceso del Maine. En el titular ya se habla de “Traición Española”

Edición extra sobre el suceso del Maine. En el titular ya se habla de “Traición Española”

Los respectivos gobiernos mantuvieron las formas, y no le dieron el gusto a los buitres sensacionalistas, por el momento. Pero la tensión era inevitable, así como también, el conflicto. La prensa norteamericana no daba descanso, y atizaba el fuego cada vez con más fuerza. Este titular lo demuestra con todas luces.

presswar5

“El espíritu de la guerra impregna el pecho de todos los americanos”
“Patriotas abogan por el uso de las armas como venganza contra España por la cruel y cobarde destrucción del
Maine”

Finalmente, el presidente americano Mckinley, muy presionado por la opinión pública de su país, inicia la guerra. El 25 de Abril de 1898 ambos países la declaran oficialmente. La contienda duró cuatro meses, murieron más de 11.000 soldados y otros tantos resultaron heridos. Y sello el destino del Imperio Español para siempre.
Pero eso sí, creo que las imprentas no descansaban.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s