Breve estudio sobre el chisme

Curioso es el objeto de este breve estudio; el chisme. Sí eso, el chisme. Me pareció interesante escribir unas pocas líneas sobre este peculiar tema, que puede ser un arma poco destructiva como también sumamente peligrosa. El chisme desde el punto de vista filosófico, navegando por la lógica, la epistemología, la ética y el poder ideológico, intentaremos descubrir la complejidad de estos infundados juicios, tan populares en nuestros días.

EL CHISME COMO ESTRUCTURA LÓGICA

Este subtítulo puede sorprender al lector; ¿acaso el chisme puede tener algún valor lógico?. En efecto. Vale aclarar algo, la lógica es el pensamiento sobre el pensamiento, es decir el estudio racional sobre las estructuras formales del pensamiento; y desde la lógica, el chisme es una forma de pensamiento. No interesa aquí , si es éticamente correcto, o qué validez epistemológica posee o sus efectos políticos. Importa, pues, únicamente su valor formal.

Desde el punto de vista lógico, el chisme es un juicio, como cualquier otro. Lo es por un simple hecho, es una relación entre conceptos. Todo juicio es, en definitiva, una relación entre conceptos. Pongamos un ejemplo:

“Marta tiene un amante.”

A tiene a B, donde A = Marta y B = Amante.

El chisme, relaciona el concepto “Marta” con el otro concepto, “amante”. La veracidad de este vínculo no es de incumbencia para la lógica.

De esto de desprende lo siguiente, el chisme como acto lógico, es por ende razón y pensamiento. La relación inter-conceptual establecida debe tener una posibilidad de ser o dicho en otros términos el chisme debe contener en sí mismo una veracidad potencial. Un ejemplo ilustrará mejor esto:

“Juan está saliendo con una jirafa procedente de las sabanas africanas”

Si bien la zoofilia existe y tiene por ende, una potencialidad de verdad ( es decir puede ser creíble), este vínculo inter-conceptual no es el mejor que se puede concebir para construir un chisme. Si bien la veracidad no constituye una razón necesaria para la existencia del chisme, debe de todas maneras, contener interiormente una cuota de potencial verdad.

Otro punto interesante es que el chisme no debe violar ciertos principios lógicos. Por ejemplo un chisme no válido es el siguiente: “Pedro está saliendo con sí mismo”. Es decir “A” está saliendo con “A”. El hecho de “salir” implica necesariamente la existencia de otro sujeto, es decir un “B”. Este juicio es totalmente descabellado y por ende no puede constituir un chisme ya que la potencialidad de veracidad presente en el mismo es nula. Otro ejemplo podría ser: “Luisa está vendiendo mercaderías en su almacén”. Esta relación es obvia, es natural que en un almacén se vendan las mercaderías presentes en él. En términos kantianos, el “vender mercaderías” está implícito analíticamente en el concepto “almacén”.

EL VALOR EPISTEMOLÓGICO DEL CHISME

Como dije antes, la veracidad no constituye una razón necesaria para la existencia del chisme. Al contrario, la no-existencia de una clara veracidad, es el rasgo fundamental del mismo. “No sé si es cierto, pero puede llegar a serlo” constituye la quintaesencia del chisme. Se podría decir que es la forma más baja del “vox populi”, en donde el rigor epistemológico brilla por su ausencia. No existe una clara metodología en la formación del chisme, sus raíces son la especulación o la intuición y su medio de difusión, en principio, es el “boca en boca”.

Las pruebas no son requeridas para la difusión del chisme y menos aún para su consolidación. Por ende, el vigor de éste no descansa en su veracidad sino en su expansión. Mientras más bocas reproduzcan estos juicios, con poca o nula fundamentación, más fuerte serán los mismos. La veracidad del chisme decrece con su difusión, emulando a el famoso “teléfono descompuesto”. El último oído percibe el chisme ya alterado, en un grado que va desde mínimas modificaciones hasta cambios estructurales tan profundos que prácticamente crean otro chisme. Así pues, los criterios de legitimación del chisme, no dependen de la calidad o cantidad de fuentes, datos o pruebas sino de la calidad y cantidad de voces que amplificaron su eco.

CHISME Y ÉTICA

El chisme tiene como objeto la vida íntima de las personas, los rasgos que no son de público conocimiento. Un sujeto “A” se adentra en los fueros íntimos de “B” sin el consentimiento de éste, violando la privacidad del mismo (todo chisme es, en esencia, violento). Nadie genera chismes sobre sí mismo, sino que genera sobre otros o les son generados por otros. Entra aquí, pues, una actitud ética ante el otro sujeto, que viola el segundo principio del Imperativo Categórico kantiano; “el hombre es un fin en sí mismo”. ¿Acaso el chisme no transforma al sujeto en una mera cosa sobre la cual se pueden construir juicios sin fundamento? ¿Acaso no se ve al sujeto como medio para conseguir fama y prestigio?

Indudable es que los chismes, en su mayoría los más destructivos, los formulamos sobre personas ajenas a nuestro círculo más intimo, sobre aquellos que queremos lastimar o cuyo honor no nos importa. Si bien el Derecho protege a los individuos de los ataques contra el honor y la dignidad, mas que una cuestión jurídica es una cuestión ética.

Apliquemos una vez más a Kant; ¿acaso la máxima del acto de generar chismes puede ser elevada a la categoría de Ley Universal de la Naturaleza? Imaginemos cómo sería la realidad, si el generar chismes fuera una Ley Universal. La desconfianza, el caos, el resentimiento y los conflictos reinarían por doquier. Las relaciones inter-humanas en general se verían sumamente comprometidas por obvias razones. El oprobio y las injurias estarían a la orden del día.

CHISME Y PODER IDEOLÓGICO

El poseedor del chisme tiene una cuota de poder sobre el/los protagonista/s del mismo. El honor de éste o éstos se verá en peligro. Podríamos decir que entrar en juego aquí el poder ideológico, quizás la forma más vil y abyecta del mismo, pero poder ideológico al fin y al cabo. El poder del chisme depende, como ya dije, de su difusión. Un chisme que se se difunde como pólvora tendrá más fortaleza y más vitalidad que aquel que es conocido por un puñado de mortales. Si el portador del chisme alcanza los medios masivos de comunicación, su poder se verá aumentado exponencialmente. La televisión es el medio idóneo y los “programas de chimentos” su punta de lanza. Ahora bien, no todos los chismes son objeto de interés por parte de este tipo de programas. Existen filtros. Básicamente los chismes recibidos no son los de barrios, los que pueden involucrar a un vecino, a un habitante de una comunidad determinada y cuya trascendencia puede ser despreciable. Los protagonistas de los chismes televisivos deben ser miembros de la “farándula”.

¿Qué significa ésto? Que los chismes recibidos por estos programas son aquellos “atractivos”, “jugosos” que involucran a gente famosa y por ende que puedan ser “disfrutados” por un público masivo. La farándula es una especie de territorio que posee límites bastante flexibles. Constantemente entran y salen personajes de este área y sus límites se mueven con ellos. La vida de la esquina no es de interés para los programas de chimentos porque no integra las filas de la farándula, pero puede llegar a serlo. Todos podemos llegar a formar parte de este terreno. Así podemos decir, que la farándula no es un sistema hermético, sino todo lo contrario, es sumamente permeable.

Las posibilidad de consolidar un chisme aumentan astronómicamente cuando se lo difunde mediante la televisión. La difusión que ofrece este medio es enorme y puede destruir el honor de un sujeto en cuestión de segundos. Por ende el chisme es un arma sumamente poderosa que, si cumple con los requisitos necesarios, puede mancillar la imagen de una persona por el resto de su vida. Nadie está a salvo de la amenaza del chisme.

Chismes

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