Chávez y el pajarito; hacia una comprensión del carisma como motor de la política venezolana

En la acutalidad ( y podemos hacer extenso este juicio a toda la Historia de la Humanidad) no existe grupo o colectivo humano que no tenga en su seno un foco de poder político. Las relaciones entre los miembros y los focos de poder determinarán sus estructuras de gobierno (república, monarquía, dictadura, monarquía constitucional, etc). Lo cierto es que, todas las diferentes formas de gobierno generan lo que Max Weber llamó formas de dominación. Y el objetivo de este corto texto, es aplicar los conceptos que el autor desarrolla en su célebre Economía y Sociedad (1921) a un tema de absoluta actualidad, el panorama político de la Venezula post-Chávez. Tomando como eje de mi discurso el concepto weberiano de carisma trazaré algunos pensamientoS que versarán sobre la masiva adhesión al chavismo, la popularidad de Chávez, su muerte y los intentos de Maduro por conservar el fuego sagrado(carisma) del Comandante. Todo desde una óptica puramente weberiana.

A) Lineamientos generales

1. La dominación

Weber define la dominación como “la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos (o para toda clase de mandatos)”, y en función de los criterios que los dominados reconocen como fuentes de legitimidad de dicha dominación, ésta se puede organizar en 3 formas puras.

1. De carácter racional: que descansa en la creencia en la legalidad de ordenaciones estatuidas y de los derechos de mando de los llamados por esas ordenaciones a ejercer la autoridad (autoridad legal).

2. De carácter tradicional: que descansa en la creencia cotidiana en la santidad de

las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad (autoridad tradicional).

3. De carácter carismático: que descansa en la entrega extracotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas (llamada) (autoridad carismática).”

En el correr de este artículo nos centraremos exclusivamente en el tercer tipo puro de dominación, para aplicar éste y varios puntos de Weber como herramientas para comprender la realidad actual de Venezuela, aquello que llamo la divinización de Chávez y la trascendentalidad de su carisma.

  1. El carisma y lo militar

“(Carisma) es la cualidad, que pasa por extraordinaria (condicionada mágicamente en su origen, lo mismo si se trata de profetas que de hechiceros, árbitros, jefes de cacería o caudillos militares), de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas -o por lo menos específicamente extracotidianas y no asequibles a cualquier otro- o como enviados del dios, o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder.”

Detengámonos aquí; Hugo Chávez Frías y el ejército venezolano están íntimamente ligados. Por ende, mi análisis irá encaminado por la figura del caudillo militar como portador del carisma. Las fuerzas armadas fueron uno de los pilares de la Revolución Bolivariana que comenzó en 1998. Análogamente al papel que jugó el ejército durante las campañas de independencia que lideró Bolivar, el ejército venezolano se transformó en protagonista de la escena política, ¿por qué? La revolución bolivariana tenía (y se podría decir que tiene) 3 grandes enemigos, por un lado la burguesía, por otro el imperio, y como último, reuniendo a los dos anteriores, EE.UU. El rol que jugarían las fuerzas armadas sería la de asegurar la vida de la Revolución impidiendo una invasión extranjera, principalmente de EE.UU.

Tenemos pues, a un líder militar, que gana las elecciones presidenciales de 1998, llega a la Presidencia y echa manos a la obra, a la Revolución Bolivariana, todo esto catalizado por su carisma.

Hanna Arendt cita las siguientes palabras de Eichmann en su afamado libro “Eichmann en Jerusalén”: quizá (Hitler) estuviera totalmente equivocado, pero hay una cosa que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde cabo del ejército alemán a Führer de un pueblo de ochenta millones de personas… Para mí, el éxito alcanzado por Hitler era razón suficiente para obedecerle.” Salvando todas las obvias diferencias (que el lector no me mal interprete, no estoy comparando a Hitler con Chávez, a pesar que varios lo han hecho), tomaré la estructura formal de esta frase, y parafraseando a Eichmann podría decir : “quizá Chávez estuviera totalmente equivocado, pero hay una cosa que no se le puede negar: fue un hombre capaz de elevarse desde Comandante de un batallón de paracaidistas del ejército venezolano a Presidente de un pueblo de casi treinta millones de personas… Para mí, el éxito alcanzado por Chávez era razón suficiente para obedecerle.”

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  1. El carisma y sus efectosAhora bien, el reconocimiento (en el carisma genuino) no es el fundamento de la legitimidad, sino un deber de los llamados, en méritos de la vocación y de la corroboración, a reconocer esa cualidad. Este “reconocimiento” es, psicológicamente, una entrega plenamente personal y llena de fe surgida del entusiasmo o de la indigencia y la esperanza.

Indudablemente que no todos los días somos espectadores de tan vertiginosos ascensos políticos, por lo tanto podemos decir que estos casos son particulares en la Historia. Del reconocimiento de esa particularidad a la creencia de la existencia de una cualidad presente en ese sujeto, existe un muy corto camino. Y más corto aún es el camino que separa el reconocimiento de la cualidad con la veneración de la misma. Pero lo más interesante no es esto, sino la imperatividad del reconocimiento de esa cualidad, es un deber de todo sujeto notar la existencia de ese rasgo distintivo y por ende someterse al el mismo.

Los que reconocen el carisma del líder y lo siguen en consecuencia están acatando un deber, y lo que no siguen al mismo líder son traidores, majunches, jalabolas (términos usados por el mismo Chávez). Así pues, el sistema político de un tipo de dominación carismático se empapa de una concepción maniqueista, que toma el eje bien-mal como elemento medular. Dicho en otras palabras, los chavistas son los buenos y la oposición (los burgueses, los imperialistas) son el mal. Y del lado de la oposición surge un pensamiento análogo, los chavistas son el mal y la oposición el bien. El carisma introduce necesariamente esta dicotomía en un sistema político. Y sí, en efecto Chávez fue carismático porque dividió a la sociedad venezolana en dos, sin dejar indiferente a nadie. Dos polos, los chavistas y los anti-chavistas. Podríamos decir entonces que el carisma es esencialmente cisma, es decir frontera, límite, división entre los seguidores del carismático y los que no lo siguen, es decir sus enemigos (no existen los neutrales o medias tintas).

 “(…)ningún rey ungido o caudillo carismático ha tratado a los oponentes o a las personas fuera de su alcance sino como incumplidores de un deber; y la no participación en el reclutamiento guerrero, formalmente voluntario, abierto por el caudillo ha sido objeto de burla y desprecio en todo el mundo.

Weber afirmaba que la dominación carismática se disolvía si su jefatura no aporta ningún bienestar a los dominados, entonces hay la probabilidad de que su autoridad carismática se disipe. Con respecto a esto, la pregunta pertinente es: ¿qué beneficios le ha llevado Chávez al pueblo venezolano para sustentar su carisma de tal modo? A fuerza de reformas educativas, mejoras en la vivienda y combate al analfabetismo, sintetizadas en las llamadas misiones bolivarianas.

4.El séquito del carismático

 “El cuadro administrativo de los imperantes carismáticos no es ninguna “burocracia”, y menos que nada una profesional. Su selección no tiene lugar ni desde puntos de vista estamentales ni desde los de la dependencia personal o patrimonial. Sino que se es elegido a su vez por cualidades carismáticas: al profeta corresponden los discípulos, al príncipe de la guerra el “séquito”, al jefe, en general, los “hombres de confianza”. No hay ninguna “colocación” ni “destitución”, ninguna “carrera” ni “ascenso”, sino sólo llamamiento por el señor según su propia inspiración fundada en la calificación carismática del vocado.”

 El Gabinete formado por Chávez, estaba integrado por gente sumamente competente, eso es indudable, pero lo que los colocó en dicho lugar no fueron sus conocimientos técnicos en tal o cual área a rama sino su compromiso con el proceso revolucionario. No colocaré aquí nombres de funcionarios del gobierno durante los mandatos de Chávez, pero si el lector busca datos por su cuenta se encontrará con que El Comandante se rodeó de gente muy capaz y preparada, pero siempre con un vínculo indisoluble con la causa revolucionaria y por ende con el mismo Chávez.

 5. Carisma y revolución

 “El carisma es la gran fuerza revolucionaria en las épocas vinculadas a la tradición. A diferencia de la fuerza igualmente revolucionaria de la ratio que, o bien opera desde fuera por transformación de los problemas y circunstancias de la vida -y, por tanto, de modo mediato, cambiando la actitud ante ellos – o bien por intelectualización, el carisma puede ser una renovación desde dentro, que nacida de la indigencia o del entusiasmo, significa una variación de la dirección de la conciencia y de la acción, con reorientación completa de todas las actitudes frente a las formas de vida anteriores o frente al “mundo” en general. En las épocas prerracionalistas tradición y carisma se dividen entre sí la totalidad de la direcciones de orientación de la conducta.”

 La revolución liderada por Chávez se autodefinía según el discurso pronunciado y propuesto por el gobierno como una definición en el XVI Festival de la Juventud y los Estudiantes (FMJE), como:

  • La revolución anti-imperialista.
  • La revolución democrática-burguesa.
  • La contrarrevolución neoliberal.
  • La pretensión de llegar a una sociedad socialista del siglo XXI.

Ahora bien, siguiendo el planteo de Weber, es necesaria la presencia de un elemento que gener un corte con la cadencia del pasado, movida por la misma inercia del ayer. Y ese algo es el carisma. En el caso de Venezuela, el planteo chavista es un corte con el pasado, el pasado de las élites:

La democracia de élites, representativa, es contrarrevolucionaria. Un gobierno tomando decisiones encerrado en cuatro paredes, expropiándole al pueblo su soberanía, es contrarrevolucionario.”

Esa renovación desde adentro de la que habla Weber, está encarnada en la delegación de la Revolución en manos del mismo pueblo, en palabras del mismo Chávez: 

 Afortunadamente esta revolución no depende de un hombre, hemos pasado etapas y hoy tenemos un liderazgo colectivo que se ha desplegado por todas partes.”

Yo tengo que jugar un papel en la dirección —obviamente— por un tiempo, no sé por cuánto tiempo. Uno trata de dar, de desprenderse de casi todo y entregarse de lleno al pueblo. Entonces, ¿cuál es mi bálsamo? Mi bálsamo es el pueblo. Me voy a las calles y se me quita cualquier mal, y me tiro en brazos del pueblo.”

Si bien Chávez clamaba que esta revolución no depende de un hombre, en sus fueros internos debía saber que la Revolución se hizo gracias él, gracias a su carisma. Gracias a su elocuencia  a su poder de convencimiento, etc ( no me gustaría entrar en este áspero terreno) y que el pueblo lo seguía y lo apoyaba por el reconocimiento de dichas cualidades de lider. Sabía que él era la amalgama que hacía posible el cambio. Chávez, en el fondo, nos guste o no, era insustituible.

B) Maduro y el fuego prometeico del carisma chavista

1.La rutinización del carisma y la muerte de Chávez

En su forma genuina la dominación carismática es de carácter específicamente extraordinario y fuera de lo cotidiano, representando una relación social rigurosamente personal, unida a la validez carismática de cualidades personales y a su corroboración.”

 El 5 de marzo de 2013, Venezuela es protagonista de un sismo, no uno físico, sino un político; murió el Comandante Chávez. Como escribe Weber, el carisma representa una relación social rigurasamente personal. ¿Qué hacer de ahora en más? El problema se centraba en la perpetuidad del carisma de Chávez, era vital para la Revolución que el carisma sobreviviera a la desaparición física del Presidente. Debía estar no estando. Pero no nos adelantemos; según Weber, luego que la fuente de carisma no está presente en el escenario político, el carisma correrá dos suertes, o se racionaliza o se tradicionaliza, en mi opinión, en el caso venezolano el carisma chavista tomo el segundo rumbo. Todo esto quedará mucho más claro en el siguiente punto.

Maduro

Para el sociólogo alemán, uno de los motivos para alentar a la rutinización del carisma es el interés ideal o material de los prosélitos en la persistencia y permanente reanimación de la comunidad. ¿Acaso ese no es el interés del partido de gobierno (el PSUV)? En efecto, las maniobras políticas del Presidente encargado, Nicolás Maduro tienen como objetivo mantener vivo a Chávez aún luego de la muerte, ¿cómo?; mediante dos caminos, primero la repetición incesante de su nombre y segundo su santificación. Ahora Chávez es santo y palabra de la política venezolana (punto 2).

Esta idea weberiana encaja perfectamente. Tenemos un panorama político incierto, con un proyecto revolucionario aún inconcluso y a sabiendas que, para poder tener el apoyo necesario (en las elecciones de abril) es menester la presencia de ese carisma que le dio forma y materia a la Revolución, es decir las cualidades de Chávez, su mística. 

Las soluciones según Weber, pueden tener cinco derivaciones:

“Pueden ocurrir los siguientes tipos de soluciones:

a) Nueva busca, según determinadas señales del que, como portador del carisma, esté calificado para ser el líder.

Entonces la legitimidad del nuevo portador del carisma está unida a señales, por tanto, a “reglas” respecto de las cuales se forma una tradición (tradicionalización); o sea, retrocede el carácter puramente personal. 

b) Por revelación: oráculo, sorteo, juicio de Dios u otras técnicas de selección. Entonces la legitimidad del nuevo portador del carisma es una que deriva de la legitimidad de la técnica (legalización)

c) Por designación el sucesor hecha por el portador actual del carisma y su reconocimiento por parte de la comunidad.

d) Por designación del sucesor por parte del cuadro administrativo carismáticamente calificado y reconocimiento por la comunidad. Este proceso en su significación genuina está muy lejos de la concepción del derecho de “elección”, “preelección” o de “propuesta electoral”. No se trata de una selección libre, sino rigurosamente unida a un deber; no se trata de una votación de mayorías, sino de la designación justa, de la selección del auténtico y real portador del carisma, que con igual justeza puede hacerla también la minoría. La unanimidad es postulado, percatarse del error deber, la persistencia en él falta grave, y una elección “falsa” es una injuria que debe ser expiada (originariamente: de modo mágico). 

e) Por la idea de que el carisma es una cualidad de la sangre y que por tanto inhiere al linaje y en particular a los más próximos parientes: carisma hereditario. En este caso el orden de sucesión no es necesariamente el mismo que el existente para los derechos apropiados, o tiene que determinarse con ayuda de los medios a-d el heredero “auténtico” dentro del linaje.”

El caso de Maduro no encaja directamente con ninguno de estos tipos puros weberianos. Podríamos decir que es una mezcla del punto c y d; ya que en realidad, Maduro está en su lugar por disposiciones constitucionales, es decir Maduro como Vicepresidente de la República Bolivariana de Venezuela, ante la muerte del Presidente (Hugo Chávez) deberá asumir las potestades de primer mandatario. Ahora bien, podemos encontrar una íntima relación con el caso de Maduro y el tipo puro que Weber describe en el punto c, Chávez puso a Maduro a como su mano derecha por algo, en un acto de aplicación de carisma lo eligió como compañero de fórmula, y fue apoyado por la comunidadDe alguna manera Maduro debe sentirse empapado con la potencia del carisma de Chávez, aunque no ha intentado apropiarse del carisma ya que esto se traduciría en una especie de suicidio político. El weberiano punto d encaja aquí en parte. Maduro deberá enfrentarse al líder de la oposición Henrique Carpiles en las próximas elecciones del día 15. Por lo tanto el ambiente electoral es un elemento que no se puede eludir en el análisis. El marco democrático, obliga a Maduro a ponerse bajo la opinión del electorado, por no como un candidato más, sino como el profeta (palabra textual) de Chávez. Por eso (…)  No se trata de una selección libre, sino rigurosamente unida a un deber; no se trata de una votación de mayorías, sino de la designación justa, de la selección del auténtico y real portador del carisma, que con igual justeza puede hacerla también la minoría. Estas elecciones se presentan como una especie de cruzada, de lucha contra el mal (los anti-chavistas) contra aquellos que aún no han reconocido el carisma en Chávez, aquellos que no han cumplido con su deber.La cuestión es básicamente la siguiente, Chávez gana las últimas elecciones (a finales del año pasado) y por lo tanto el juego político de Maduro consiste en re-absorber la totalidad de los votos que la mayoría del electorado venezolano depositó en Chávez. Para lograrlo se muestra como profeta, portavoz del mismo Comandante. Maduro intenta igualar la ecuación y lograr una equivalencia, él es Chávez, porque Chávez habla con él, él es un medio para continuar la Revolución. La parte del punto d que no se ajusta, es que Maduro no fue elegido por el cuadro administrativo sino por el mismo Chávez.

2. Maduro y la conservación del fuego prometeico

Dije más anteriormente que Maduro está utilizando dos medios para mantener viva la presencia de Chávez en el terreno político. Por un lado, una estrategia linguísitca y por otro una religiosa. Vayámos por partes:

A) Estrategia lingüística: Repetición, eso, repetición de Chávez hasta el hartazgo. Según la página web www.madurodice.com, el presidente interino Nicolás Maduro, ha hecho 5988 alusiones (hasta el momento en que se está escribiendo este artículo) al difunto Hugo Chávez desde su muerte, el 5 de marzo. Según promedio, Maduro menciona a Chávez cada 6.4 minutos. Estos datos, que son recogidos en dicha página en un tono lúdico, son sumamente interesantes. ¿Por qué Maduro habla tanto de Chávez? ¿Por qué el eje de su discurso es el difundo presidente? Por lo desarrollado anteriormente, el lector podrá anticipar una respuesta, que se seguramente se asemeja a la siguiente: Maduro necesita crear la inmortalidad política de Chávez, para lo lograrlo recurre a las continuas alusiones hacia él. El objetivo de Maduro supongo que puede ser este, hacer que el carisma de Chávez trascienda, traspase el límite de la muerte física y sobreviva a la muerte política. En términos metafóricos, con tanta referencia al Comandante, el presidente interino está aplicándole una respiración boca a boca a la revolución bolivariana, al dejarle bien claro a los chavistas que su líder no ha muerto, porque vive en las palabras de Maduro. Por ende, la palabra como herramienta política.

B) Santificación: La repetición sin cesar de la palabra Chávez, no es suficiente para mantener al carisma vivo. Se necesita una fijación en la mente del electorado aún más profunda. Para eso, el gobierno venezolano (con Maduro a la cabeza) utiliza lo dado es decir, las profundas convicciones religiosas de los venezolanos para transfigurarlas, y redirigir la potencia de la fe a cuestiones políticas. Hay algunos puntos interesantes para tratar.

Durante semana santa, Maduro realizó un paralelismo entre Chávez y Jesús, utilizando las siguientes palabras:

Hace 2000 años, un día como hoy, los discípulos de Jesucristo se dejaron llevar por el dolor, algunos inclusive llegaron a dudar de la existencia de nuestro Dios creador. Eso mismo sentimos nosotros, aquel 5 de marzo a las 4:25 de la tarde (…) desde ese día, no se nos ha quitado la necesidad, el dolor y la nostalgia por nuestro comandante supremo

Chávez como el Jesús bolivariano. Los dichos de Maduro reafirman lo que ha sido el objetivo de todo este artículo, remarcar el aspecto trascendental, sobrenatural y místico que el gobierno venezolano le adjudica al carisma chavista. Pero aún hay más. Según parece Chávez es ahora santo, hace muy pocos días, se abrió en un barrio muy pobre de Caracas, una capilla llamada San Hugo Chávez. En ella se le rinde culto a una estatuilla del Comandante como a cualquier otro santo. Está de más decir que la Iglesia Católica no aprueba esta santificación y mucho menos las constantes comparaciones entre Chávez y Jesús. Y por último y no menos importante (ni menos hilarante) tenemos lo que se puede llamar la encarnación ornitológica del espíritu de Chávez. Según el propio Maduro el propio Chávez se le presentó en forma de pajarito e intercambiaron silbidos y el Comandante le transmitió a Maduro toda la fuerza para continuar con la revolución. Maduro es pues, un profeta, un profeta de la palabra revelada, de la palabra de Chávez.

San Chávez

San Chávez

 ¿Qué está pasando en Venezuela?, según mi opinión, la política de éste país estuvo durante década y media, atada a la figura de un hombre, Hugo Chávez, que se ganó la adhesión popular gracias a su carisma y ahora, muerto el comandante supremo el país se encuentra a la deriva, liderado (transitoriamente) por un presidente que no posee ni un ápice del carisma chavista y que, para poder mantenerse en el poder, debe lograr que el nombre Chávez se mantenga como un monolito en la política venezolana. Estar sin estar, esa es la esencia, y para lograr ese estar Maduro en particular y el gobierno en general han recurrido a métodos insólitos, absurdos y en muchos casos patéticos. 

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