Breves reflexiones sobre la “nobleza democrática” en Uruguay

I

El concepto de “nobleza democrática” puede ser chocante por dos motivos. Primero es una especie de “oxímoron político”. La lógica democrática prohíbe la existencia de distinciones por linaje o casta. Si entendemos al principio de igualdad entre los individuos como indivisible de la práctica democrática es viable concluir que si violamos la igualdad intrínseca entre los individuos (mediante las distinciones fundadas en el linaje) estaríamos socavando uno de los pilares de la democracia.
Segundo, es anti-constitucional. La fundación de mayorazgos, así como también el conceder títulos nobiliarios o afines, están constitucionalmente prohibidos por el artículo 9 de nuestra Carta Magna.

II

Para sostener este concepto debo ser un poco más preciso. Entiendo por “nobleza democrática” a ese conjunto de actores políticos que tienen como elemento vinculante el hecho de pertenecer a un grupo familiar que históricamente ha tenido relación directa con la dinámica política. En otras palabras son aquellos políticos que han alcanzado un status determinado debido a que alguno de sus antecesores ocupó altos cargos políticos. Quizás este concepto es un poco confuso, y su aprehensión puede dificultarse debido a la integración de elementos puramente monárquicos (como es la idea de “nobleza”) al pensamiento de la vida política en democracia.

III

Podríamos ampliar el concepto de “nobleza democrática” si desplazamos a la “continuidad de sangre” como elemento constitutivo. Es posible teorizar una definición más abarcadora dejando como rasgo esencial la continuidad temporal de un conjunto de nombres y apellidos dentro de la escena política. Esa continuidad puede tener dos motivos, uno (intrínsecamente nobiliario) ya fue comentado más arriba, a saber: la continuidad del protagonismo político mediante la filiación. La sangre como vehículo de transmisión de status político. La genética como elemento unificador. El otro deja de lado consideraciones biológicas y pone énfasis en el apoyo institucional. Luego de la pérdida de poder político de las casas nobiliarias, el control del Estado en las nacientes democracias occidentales del siglo XIX pasó a manos de los partidos políticos. Estas asociaciones civiles, que tienen como objetivo unir esfuerzos para lograr el ascenso de sus líderes dentro de la jerarquía política, pueden lograr que uno de sus miembros se perpetúe en el tiempo mediante el otorgamiento de un apoyo intenso y sistemático. En palabras de Max Weber, los partidos políticos son : “formas de socialización que, descansando en un reclutamiento (realmente) libre, tiene como fin proporcionar poder a sus dirigentes dentro de una asociación y otorga por ese medio a sus miembros activos determinadas posibilidades ideales o materiales –la realización de bienes objetivos o el logro de ventajas personales o ambas cosas.” (Economía y Sociedad, p. 228). Por ende los partidos políticos pueden concentrar sus recuros ideológicos, materiales y humanos en mantener la posición de uno de sus miembras dentro de la “nobleza democrática”. Por lo dicho podemos extraer dos formas ideales de ingreso a dicha “nobleza”. O bien por la vía sanguínea, o bien por el apoyo institucional-partidario.

IV

Si analizamos al conjunto de los políticos que aspiran a ocupar el sillón presidencial, podemos -bajo la luz de esta clasificación- dividirlos en dos grupos. Por un lado, Bordaberry y Lacalle Pou son típicos ejemplos del ingreso a la “nobleza democrática” por vía sanguínea. En cambio Vazquez, Mieres y Abella son claros ejemplos de integrantes que llegaron a la “nobleza democrática” gracias al apoyo reiterado y sistemático de sus respectivos partidos políticos. Las caras se mantienen, ya sea por sus linaje familiar o bien por la tenacidad con la que sus partidos les brindan recursos para poder costearse sus campañas. Los casos de Bordaberry y Lacalle Pou constituyen un tercer tipo, un híbrido entre los descritos anteriormente. Debido a que los integrantes de sus familias han ocupado altos cargos en sus partidos, el apoyo institucional y la sangre se mezclan formando un cóctel peligroso. Poco a poco el partido se trasforma en un patrimonio familiar.

 

V

La constitución de esta especie de “casta política” puede ser letal para el funcionamiento “saludable” de la democracia por una razón elemental, tienen la legitimidad que brindan las urnas.  Históricamente los opositores de las casas nobiliarias o de las castas de cualquier tipo, podían apelar a la soberanía popular como punta de lanza para criticar la petrificación del poder político en unas pocas manos, unidas, usualmente, por la misma carga genética. En un sistema democrático este argumento es inviable porque justamente es el cuerpo electoral el que elige, por separado, a estos individuos. Los teóricos de la democracia (Rousseau como extremo) han blindado al sistema ante cualquier crítica que atente contra la base primordial: el poder político reside siempre en el pueblo. El sistema representativo es una verdad revelada, y los políticos electos tienen el aura sagrada de la unción popular.

Anuncios

Una respuesta a “Breves reflexiones sobre la “nobleza democrática” en Uruguay

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s