La Restauración

El 14 de julio de  1789 nació con olor a pólvora. Una horda de nobles asaltó la Bastilla. Los descalzos revolucionarios franceses defendieron con ferocidad cada palmo del monstruo de piedra. El disparo de las últimas municiones revolucionarias resonó al atardecer. Tras horas de intensos combates la Bastilla cayó.

Las blancas pelucas ingresaron a la antigua fortaleza y liberaron a los condes y duques apresados por la Revolución. El silencio posterior al combate fue asesinado con el resonar de un grito colectivo, proveniente de la ebullición de la sangre azul: “servidumbre, desigualdad y odio“. El orden, por fin, fue restaurado.

 

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